28 Diciembre, 2016 | 10:39 hrs.
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El reto de la UDI: Convencer y convocar

La invitación para la UDI se transforma en la tarea de abrirse a la sociedad para recoger los problemas e interpretarlos con realidad y sentido común, anclada en sus ideas y valores. No consiste en cambiar sus ideas o principios, sino en conectar con la realidad para interpretarla adecuadamente desde su identidad.

Hace algo menos de tres años, y luego de un proceso en el cual competimos con el senador Víctor Pérez, me correspondió asumir la presidencia de la UDI con el objetivo de dar un impulso a la renovación del proyecto político. Nadie habría podido imaginar en mayo de 2014 lo que vendría para nuestro partido a contar del segundo semestre de ese año y que culminó con la reciente elección de Jacqueline Van Rysselberghe como presidenta del partido, derrotando a Jaime Bellolio, mi candidato.

Definitivamente estamos en una nueva etapa. Después de la brillante gestión de la directiva de Hernán Larraín y Guillermo Ramírez, que incluyó la actualización del proyecto político, la modificación de estatutos para establecer la participación directa y universal de los militantes en la elección de directiva, la consolidación de Chile Vamos como coalición opositora, y un excelente resultado en la elección municipal, la pregunta es qué viene para la UDI ahora. ¿Cuáles son los desafíos para la nueva directiva?

Las preguntas –a mi juicio- no están en los valores de la UDI ni en su capacidad de lograr buenos resultados electorales de corto plazo. De hecho, lo acaba de demostrar con el resultado de la elección municipal. Las verdaderas interrogantes tienen que ver con cómo se proyecta hacia el futuro para seguir siendo un partido relevante que aporte al país desde un conjunto de ideas y valores, y con un estilo propio de hacer política. Y lo primero que debemos preguntarnos es, ¿cómo conciliar ser un partido de convicciones y posiciones claras con un discurso amplio y convocante?

Convicciones y valores sí pueden ir de la mano de una convocatoria amplia. Claramente, la UDI es un partido con principios, valores e identidad nítidos. Estos no han cambiado a lo largo de los años. Se trata de elementos permanentes, centrales, que constituyen la estructura identitaria. Dignidad de la persona humana en todo momento, subsidiariedad del Estado, inspiración cristiana y promoción de una economía social de mercado han sido los ejes inspiradores. Y, hasta ahora, lo siguen siendo.

Estas definiciones básicas se traducen en posiciones políticas en los distintos temas. La UDI no es ni puede ser una jalea, un partido sin quilla ni posiciones claras. Es, desde su esencia, un partido dispuesto a plantear sus posiciones, anclado en sus convicciones, aun cuando ello tenga costos de impopularidad de corto plazo. Sabemos que la coherencia y consistencia son reconocidos y valorados por las personas a lo largo del tiempo. Esta definición central de actuar desde las convicciones ha acercado –y también alejado- a muchas personas que tienen interés por lo público. Pero junto con ser un partido de línea política clara, es un partido que tiene vocación de mayoría. Influyente, sólido, pero con vocación de mayoría. Así, al menos, lo concibió Jaime Guzmán, y así lo han proyectado sus líderes.

En una sociedad moderna y cambiante, y en un país de clase media como Chile, cabe preguntarse cuáles son las ideas que construyen futuro. ¿Son las de la UDI? A mi juicio sí, porque promueve los valores de la libertad, dignidad, justicia, mérito, responsabilidad y solidaridad. Ahí está lo esencial de la proyección de una sociedad moderna. Y ahí están también los valores que viven y creen la mayor parte de los chilenos, especialmente de clase media. El problema ha estado muchas veces en que no hemos logrado traducir nuestros valores compartidos en propuestas y sintonía fina que conecten con la ciudadanía.

El desafío es lograr conectar esas ideas con las preocupaciones cotidianas de las personas, evitar que se produzca distancia. Ahí, entonces, viene la siguiente tarea: las ideas y valores convocan en la medida que quienes las promuevan sean capaces de sintonizar con las inquietudes de los ciudadanos, con sus preocupaciones, urgencias y temores. La invitación para la UDI se transforma en la tarea de abrirse a la sociedad para recoger los problemas e interpretarlos con realidad y sentido común, anclada en sus ideas y valores. No consiste en cambiar sus ideas o principios, sino en conectar con la realidad para interpretarla adecuadamente desde su identidad. Más horas de sociedad civil y encuentro con la comunidad, y menos horas de política de salones y edificios.

Una UDI abierta, despierta y sintonizada.

Publicada en El Líbero (27.12.2016)