17 agosto, 2015 | 15:07 hrs.
Compartir en:
Share

“Más que Nueva Mayoría se debiera hablar de nuevo comunismo. Es el mismo de siempre, pero disfrazado”

Señala que más allá de las expectativas que pueda haber en los ministros Burgos y Valdés, “el problema es la conducción presidencial”. Cree que llegó un “momento clave” para la oposición: iniciar el trabajo de la agenda de gobierno del sector.

Diario Pulso, 17 agosto 2015
Por Natalia Olivares.

Para el diputado y ex presidente de la UDI, Ernesto Silva, la Nueva Mayoría se acabó y la Presidenta Michelle Bachelet está generando un vacío de liderazgo. De ahí su llamado a fortalecer el rol opositor y empezar, desde ya, a trabajar una propuesta con la cual recuperar el Gobierno. Una “alternativa de futuro”, le llama. También, plantea que para hacer frente a la actual administración se necesita replicar el diseño que utilizaron en la reforma educacional el año pasado, llegando incluso a marchar con padres y apoderados en contra del proyecto.

¿Cuál es el real peso que le dan como oposición a la frase “realismo sin renuncia” dicha por Michelle Bachelet?

El realismo es con renuncia, por lo tanto, la frase “realismo sin renuncia” se ha transformando en una frase vacía, que además ha ido acompañada de titubeos por parte de la autoridad presidencial y eso hace que hoy uno pueda plantear que el problema no sólo está en el gabinete, sino que en la conducción presidencial. El problema no es que hayan ministros más o menos empoderados, sino el liderazgo de la Presidenta y los vacíos de liderazgo que está generando. Lo que uno observa a la luz de las declaraciones de la Presidenta y luego con sus aclaraciones es que la Nueva Mayoría se acabó y tiene que empezar un ciclo nuevo. Y ese ciclo nuevo tiene que ver con cómo la oposición muestra desde ya una alternativa de futuro, algo distinto a lo que está proponiendo la izquierda.

¿El Gobierno y la Presidenta están siendo pauteados por el Partido Comunista?

La DC es un partido que habla como partido moderado, pero al final termina votando como partido de izquierda. Lo vimos, por ejemplo, en la votación de aborto, pero también lo vimos en la discusión de la reforma laboral en la Cámara de Diputados. Este es un Gobierno capturado por una ideología fuerte basada en el comunismo, que lo que pretende es destruir la casa que hemos construido entre todos, que es Chile. Y construir una casa nueva a la pinta de muchos ideólogos que quieren dejar afuera a muchos de esa casa. Por eso creo que hoy día más que Nueva Mayoría se debiera hablar de nuevo comunismo. Es el mismo de siempre, pero disfrazado.

A su juicio, ¿cuál es el rol que está cumpliendo la dupla de Jorge Burgos (Interior) y Rodrigo Valdés (Hacienda)?

Yo espero poco de lo que queda de este Gobierno. Y creo que más allá de las expectativas que pueda haber en los ministros Burgos y Valdés -que yo valoro el esfuerzo que están haciendo-, el problema es la conducción presidencial. Ambos ministros se van a dedicar a atajar goles y a tratar de evitar más problemas. El ejemplo más claro es la Reforma Tributaria.

¿Qué problemas le ve?

Tiene dos tipos de problemas. Tiene un problema técnico, que quedó mal hecha, y de estructura, que ha afectado el crecimiento, la inversión y las decisiones de los agentes económicos. El Gobierno lo que está haciendo es atajar goles en términos de corregir los errores técnicos. Es muy difícil para los ministros cumplir un rol de liderazgo cuando la Presidenta dice un día que hay que enmendar el rumbo y al otro dice que hay que empujar el tema constitucional y que los ministros no vinieron a enmendarle el rumbo.

En el consejo directivo ampliado de la UDI de hace dos semanas hubo una autocrítica por haber concurrido al acuerdo por Reforma Tributaria.¿Usted la hace también por haberse sumado a nombre del partido?

Fue una decisión muy difícil para la UDI, pero evaluamos que tomamos la decisión de concurrir al acuerdo por dos cosas: porque se estaba evitando un daño mayor y porque se estaba generando un cambio de actitud en el Gobierno para las reformas que vinieran por delante. Eso no sucedió y en vez de detenerse la retroexcavadora, aceleró más rápido. Mi autocrítica es que tenemos que ser mucho más nítidos y fuertes como oposición, tal como lo hicimos en el caso de la reforma educacional. Hoy día no es que haya consenso base en valores e ideas y diferencia en los instrumentos, hoy lo que hay en Chile es un contraste muy profundo sobre visiones de sociedad. Y cuando uno estando en la oposición no comparte la visión de sociedad que plantea el Gobierno, no cabe otra opción que oponerse y plantear una alternativa distinta.

Jovino Novoa dijo que en el sector existe “cierto temor a ser opositores francos” y que “les han vendido el cuento que hay que ser propositivos”, que es la actitud que ha tomado Hernán Larraín. ¿Falta dureza para contraponerse al Gobierno?

La UDI siempre ha sido un partido con propuestas y así lo hicimos en el mes de enero cuando propusimos una agenda para la transparencia, y también propusimos una agenda laboral alternativa. Ahora, en el consejo directivo ampliado se acordó ejercer un rol opositor más nítido y más fuerte y creo que la UDI está sintonizada en esa idea.

¿Hay espacio para llegar a acuerdos con el Gobierno teniendo en cuenta sus niveles de aprobación?

Prácticamente no hay espacios si el denominador común del Gobierno es imponer la ideología de izquierda. Así lo hemos visto en la mayor parte de los proyectos.

Hernán Larraín dijo también que han logrado separar los procesos judiciales del trabajo político del partido. ¿Es así realmente? Aún no existen condenas y los procesos están en plena investigación.

Se ha logrado que la opinión pública tenga una visión más integral que implica entender que el problema de financiamiento de la política obviamente afectaba a todos los sectores políticos y ha quedado a la luz el financiamiento de la izquierda de parte del mundo empresarial. Estos temas van a acompañar la agenda pública por un tiempo largo, pero creo que sí se ha logrado hacer oposición y tareas políticas más allá de estas situaciones.

¿Es indispensable para el nuevo referente opositor acordar pronto una sola postura para enfrentar casos judiciales?

Creo que el bloque está en un proceso de generar confianzas, de trabajar, y todo de buena manera. No hay que imponer condiciones, sino compartir mínimos comunes. Nuestra primera fuente de unidad es compartir valores sobre el Chile que queremos y ejercer una labor opositora fuerte.

¿En lo programático empezar, derechamente, a pensar en un posible futuro Gobierno?

Llegó un momento clave: llegó la hora de iniciar el trabajo de nuestra agenda de Gobierno. La oposición tiene que ser capaz de ejercer con fuerza un rol opositor y, al mismo tiempo, impulsar una agenda de futuro. Nuestro sector tiene que contestar las preguntas para hoy y para los próximos 30 años.

Los alcaldes del partido han manifestado preocupación por los costos electorales que le puedan traer los procesos judiciales en curso. ¿Cuáles serán las consecuencias en las próximas elecciones?

Los buenos alcaldes, que han hecho una buena gestión, no debieran tener un problema en el proceso electoral. Tengo mucha confianza en que gran parte de los dirigentes de nuestro sector que cumplen labores municipales han funcionado de esa manera.